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La ley Bacardi

Don Facundo Bacardí Massó, catalán de nacimiento, fundó la destilería del murciélago en Santiago de Cuba en 1862.

En 1898 fue inventado el famoso coctel Daiquiri, hecho con zumo de lima, azúcar, hielo picado y Bacardí Superior, y en 1900 los soldados americanos celebraron la victoria contra España en la guerra de Cuba con Bacardí mezclado con Coca-Cola, y la mezcla se llamó como su brindis, Cuba Libre. Los lanzamientos de nuevos cócteles, que se ponían rápidamente de moda en todo el mundo, eran un excelente vehículo publicitario.

La entrada en vigor de la ley seca en EE.UU. no hizo sino beneficiar a la marca, que dirigió sus publicidades en Norteamérica hacia el concepto de Cuba como un lugar paradisiaco donde el sediento americano podría apagar su sed a base de Daiquiris Bacardí, Mojitos Bacardí, Cuba Libres Bacardí o Bacardí con Bacardí. La marca ya estaba unida al país por un lazo de promoción mutua.

Cuba abrió sus puertas y las puertas de sus bares a miles de turistas americanos; al poco tiempo se construyó uno de los primeros rascacielos de La Habana y el más alto de su época;  El Edificio Bacardí (la construcción de rascacielos como grandes eventos promocionales parece que se puso de moda en la época; en Nueva York se inauguró ese mismo año el edificio Chrysler, de la corporación del mismo nombre). En sus bajos estaba el Bar Bacardí, una joya ArtDecó a la que iban a beber y dejarse fotografiar todas las celebrities nacionales e internacionales de la época.

Y en 1936 dan un golpe mediático más pidiendo a la Corte Suprema de Nueva York la obligación para los bares de, cuando era ordenado un “Cóctel Bacardí” (zumo de lima, un toque de granadina  y ron Bacardí), elaborarlo con ron de esta marca; Bacardí había detectado que muchos bares ponían ron de otras marcas más económicas en la receta que lleva su nombre. La Corte Suprema les dio la razón y Bacardí aprovechó toda la cobertura de prensa generada por el seguimiento del caso para hacer una enorme campaña de comunicación y publicidad en torno a la noticia; “It’s your right! Nothing can replace Bacardí”, “Your rights are now legally protected!” era el claim.

Tras la época de bonanza de la “ley Bacardí”, vino un gran revés para la marca, cuando en Octubre de 1960 el nuevo gobierno revolucionario de Castro confiscó todas la propiedades de la compañía en Cuba. La familia Bacardí había apoyado a los rebeldes, pero finalmente Castro decidió la nacionalización de la empresa;  la familia tuvo que volar a Puerto Rico, donde ya tenían una factoría,  y abandonar la original de Santiago de Cuba. Por suerte la familia pudo conservar el nombre; «Ni siquiera pensamos en registrar la marca Bacardí, así que la perdimos», se lamentaría Fidel Castro años después. «Teníamos la fábrica que producía el ron Bacardí real, pero no pudimos conservar su nombre como tal» (se pasaría entonces a producir Havana Club, este se convertiría en el ron nacional cubano). Al final el clan Bacardí se salió con la suya, pues su crecimiento nunca paró aun estando fuera de su lugar de origen, y todavía le dio otra puntilla más a Castro: Debido al embargo sobre los productos cubanos, el ron Havana Club no llegaba a Estados Unidos. En este país, la empresa Bacardí se apresuró a registrar y distribuir un ron bajo este nombre, sin el permiso de la empresa propietaria de los derechos comerciales en Cuba. Los litigios por este hecho continúan hoy en día.

foto: Graeme Maclean

 

 

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